Ángel Guerra Cabrera
lapupilainsomne.wordpress.com
Ahora resulta que Ariel Sharon, el criminal de guerra modélico del sionismo –que tiene tantos-, fue un prohombre del pacífico Estado judío. Un abuelito bonachón aunque un poco indisciplinado. El secretario de Estadode Estados Unidos John Kerry, emocionado, subrayó su contribución a la paz cuando era primer ministro e hizo saber a la familia Sharon y a Israel: “Nuestra nación comparte su pérdida y honra la memoria de Ariel Sharon”.
Mensaje uniforme desde que falleciera el general, clonado por todo el ejército mediático del Pentágono (la abrumadora mayoría de las televisoras, diarios, revistas y páginas web corporativas de “Occidente”).
Otra es la realidad. Muy joven, Sharon integró la organización terrorista Haganah rumbo a la guerra de 1948 y según el periodista israelí Dimi Reider participó en el ataque a aldeas árabes y luego fue llamado, nada menos que por el entonces premier David Ben Gurion, a encabezar la unidad 101 del ejército, dedicada a dar golpes de castigo principalmente contra campos de refugiados y civiles palestinos. Es conocida su autoría en la masacre de la aldea de Qibya, que costó la vida a 69 palestinos, la mayoría mujeres y niños en 1953. Apodado el buldócer de Gaza, envió esos equipos a demoler cientos de casas en el campo de refugiados palestinos de Jabaliya en los setenta.(http://972mag.com/former-israeli-prime-minister-ariel-sharon-dies-at-85/84878/).
Como ministro de defensa lanzó la primera y sangrienta guerra contra Líbano, donde favoreció la matanza de cientos de palestinos en los campos de Sabra y Shatila en 1982 por sus aliados de la Falange libanesa. La comisión MacBride de la ONU encontró a Israel responsable del hecho e incluso una comisión israelí estableció la responsabilidad personal de Sharon por “ignorar el peligro de derramamiento de sangre y venganza” existente.