Adrian Salbuchi, analista y autor
Durante
la Reunión Anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva
York, la presidenta argentina, Cristina Kirchner, anunció que su
Gobierno flexibizará
su hasta ahora rígida e irreductible posición hacia Irán, país al que
acusa de haber perpetrado el peor ataque terrorista en suelo argentino
hace ya más de 18 años y que tuvo como blanco la sede de las
asociaciones judeo-sionistas AMIA y DAIA en pleno centro
de Buenos Aires.
Inmediatamente,
el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Héctor Timerman, se
reunió con su par iraní, Ali Akbar Salehi, con el propósito declarado de
“alcanzar
la verdad”.
Verdades Peligrosas
Las
críticas sionistas no se hicieron esperar. Desde la estadounidense
Roberta Jackson del Departamento de Estado, quien declaró que “las
relaciones con Irán nunca son
benignas”; pasando por la de los presidentes de la DAIA (Delegación de
Asociaciones Israelitas Argentinas), Aldo Donzis, y de la AMIA
(Asociación Mutual Israelita Argentina), Guillermo Bolger, quiénes
dijeron que la propuesta de diálogo iraní “es una burla
que ofende a la justicia argentina” dado que “Irán no es confiable”;
hasta la del Gobierno israelí que condenó la reunión de cancilleres aún
antes de que se produjera.
La
realidad es que el caso de la poderosa bomba que destruyó la sede de
AMIA el 18 de julio de 1994 causando 86 muertos y más de 200 heridos,
hoy, luego de 18 años, sigue
sin resolverse, los responsables del atentado jamás fueron identificados
y sus víctimas no han tenido justicia.
El Ataque
Desde
el mismo día del atentado, el 'Caso AMIA' sufrió las más descaradas y
flagrantes interferencias de los Gobiernos de Estados Unidos e Israel.
El entonces presidente
argentino, Carlos Menem, –quien se ufanaba de haber logrado que
Argentina mantuviera “relaciones carnales” con EE.UU.- permitió que
agencias de inteligencia norteamericanas e israelíes, notablemente el
FBI y el Mossad, tuvieran acceso irrestricto y participación
fundamental en las investigaciones del hecho.
Fue
precisamente un oficial de inteligencia militar israelí quien halló
entre los escombros del 'ground zero' de la AMIA un pequeño trozo de
metal que resultó pertenecer
al motor de una 'van' Trafic que, “por suerte” (para los israelíes),
contenía el número de fabricación de ese vehículo. Ello permitió armar
la teoría de un supuesto “coche-bomba” por más que ese vehículo jamás
fue hallado ni tampoco existen testigos que declaren
haberlo visto.
La
investigación del 'Caso AMIA' pasó por siete juzgados federales y está
plagada de mentiras, corrupción y encubrimientos. Tras erráticas marchas
y contramarchas, hoy
el Gobierno Kirchner acusa formalmente a la República Islámica de Irán
de ser culpable del ataque.
Obviamente,
existe enorme interés por parte de EE.UU. e Israel de que esta
acusación prospere, pues le aportaría más “evidencias” que sirvan de
excusa para lanzar su reiteradamente
anunciado ataque militar unilateral contra Irán. En momentos en que
EE.UU. e Israel atraviesan una creciente crisis de credibilidad en sus
amenazas contra Irán por su plan nuclear, una “prueba de culpa” iraní en
el atentado a la AMIA les vendría como anillo
al dedo.
Indaguemos, sin embargo, un poco más a fondo evaluando dos posibles “escenarios”:
Escenario 1 - Una supuesta 'Pista Iraní'
En
el 'Caso AMIA' ha habido todo tipo de manoseo en las máximas instancias
judiciales y diplomáticas. Uno condujo a la destitución y posterior
juicio político a un juez
en la causa, Jorge Galeano, por haber autorizado el pago de un soborno
por 400.000 dólares a un detenido por tráfico de vehículos robados de
nombre Carlos Telleldín, para que prestara falso testimonio que
sustentara una ficticia “pista sirio-iraní”.
Los
fondos para ese soborno los proveyó Rubén Beraja, a la sazón presidente
de la DAIA y dueño del Banco Mayo, cuya posterior quiebra fraudulenta
lo llevó a pasar varios
años en la cárcel. Pero en aquellos años 90, Beraja era una prestigiosa
figura en círculos sionistas internacionales llegando a integrar en 1996
la Comisión de Personas Notables elegidas y presididas por Paul
Volcker, ex gobernador del Banco de la Reserva Federal
de EE.UU., para investigar cuentas inactivas de víctimas judías en
bancos suizos, operativo que obligó a la banca suiza a aportar 1.250
millones de dólares a las arcas de las organizaciones sionistas
mundiales.
Un
importante hito se produjo el 21 de septiembre de 2006, cuando el
presidente Néstor Kirchner, acompañado de su canciller Jorge Taiana y la
primera
dama y entonces senadora Cristina Kirchner participaron de una reunión
secreta en el Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York con ocho de las más
importantes organizaciones sionistas pro-Israelíes: el Congreso Judío
Norteamericano, el Congreso Mundial Judío, la
logia B’nai B’rith y la ADL entre otras.
Se
desconoce a ciencia cierta qué discutieron, pero menos de un mes
después Kirchner despachó al fiscal especial Alberto Nisman a los EE.UU.
para reunirse
con la CIA y el Mossad israelí.
A
su regreso, Nisman -sionista militante- lanzó una acusación formal
contra el ex-presidente iraní Ali Rafsanjani y siete miembros de su
gabinete,
incluyendo a Ahmad Vahidi, luego ministro de Defensa del presidente
Mahmoud Ahmadinejad. Se los sindicaba de haber financiado y planificado
el ataque a la AMIA a través de Hezbolá.
Esta
noticia fue primera plana en los diarios argentinos e inspiró al rabino
Israel Singer, director político del Congreso Mundial Judío, a
“felicitar
al Gobierno argentino”, por formalizar “la denuncia contra Irán”, pues
con ello se “confirmó el compromiso asumido por el presidente Kirchner
en aquella reunión”.
Estas
acusaciones argentinas se basaron exclusivamente en “inteligencia”
proporcionada por la CIA y el Mossad, que insisten en la teoría de la
'van'
Trafic como coche-bomba que hizo explotar la AMIA.
Las
presiones sobre la justicia argentina han sido tales que se llegó a
sostener el absurdo de que jamás se hallaron otros restos del elusivo
coche-bomba
porque “la violencia de la explosión lo enterró debajo de la entrada a
la AMIA”. El Dr. Juan Gabriel Labaké, abogado defensor del único
imputado local en la Causa AMIA, solicitó a la justicia que ordenara
excavar la entrada de la AMIA para hallar de una vez
por todas los restos del “coche-bomba”, mas el juzgado reiteradamente no
lo permitió…
Pero
si los iraníes y los sirios en connivencia con Hezbolá y Hamás no
fueron autores del atentado, entonces, ¿quiénes fueron los responsables
del
mismo?
Escenario 2- Ajuste de cuentas: ¿Una Pista Israelí?
El
'Caso AMIA' cobra nueva dimensión cuando se interpreta dentro del marco
de lo que ocurría en Israel en aquellos años 90. En 1991, había
comenzado
la Conferencia de Paz de Madrid que buscaba resolver el conflicto
palestino-israelí, que avanzó rápidamente tras la victoria electoral en
junio de 1992 del general Isaac Rabin, convertido en primer ministro.
Rabin
buscaba llegar a un acuerdo con los palestinos, lo que requería detener
y desmantelar gran parte de los asentamientos ilegales del movimiento
de colonos armados ultraderechistas del fundamentalismo sionista. Éstos
sostienen que ceder un centímetro de la "sagrada tierra de Israel" es
traición.
Sin
embargo, Rabin siguió adelante con el proceso de paz. En septiembre
1993 se produjo el famoso apretón de manos entre Rabín y Yasser Arafat
bajo
la mirada atenta de Bill Clinton en el jardín de la Casa Blanca. Poco
tiempo después, Rabin llega a un principio de acuerdo con Siria sobre la
devolución de los Altos del Golán y también con Jordania.
A
principios de julio de 1994, Rabin permite que Arafat regrese a
Palestina tras 27 años de exilio. Los colonos sionistas estaban locos de
furia; literalmente
pues ya en febrero de ese año, un sionista militante neoyorquino
perteneciente al grupo Kach, de nombre Baruch Goldstein, irrumpió en una
mezquita en Hebrón abriendo fuego con su ametralladora asesinando a más
de 40 musulmanes mientras oraban. Nadie se explica
cómo pudo Goldstein, portando una ametralladora, atravesar la fuerte
seguridad israelí… Goldstein resultó muerto por los palestinos luego del
ataque, pero luego su tumba se convirtió en lugar de peregrinaje para
el movimiento de colonos.
Dentro
del marco de esta secuencia cronológica se produce el 18 de julio de
1994 la voladura de la AMIA, precisamente en un punto sumamente crítico
de la lucha intestina intra-sionista y dentro del propio Israel.
Por
entonces, la conducción de la AMIA apoyaba el proceso de paz de Rabin,
por lo que este atentado bien pudo haber sido un “disparo de
advertencia”
de la extrema derecha sionista contra Rabin para que cesara en sus
esfuerzos de lograr la “paz por territorio” con los palestinos.
Pero parece que Rabin “no entendió el mensaje”, y así se llega al clímax
de este oscuro proceso el 4 de noviembre de 1995 –poco más de un año
después del ataque a la AMIA– cuando el primer ministro Isaac Rabin es
asesinado al “estilo John Kennedy” en la vía
pública en Tel-Aviv, ya no por un fundamentalista islámico o por algún
neonazi, sino por Ygal Amir, joven estudiante ultraderechista miembro
del movimiento de colonos sionistas en Israel, y relacionado con el
servicio de seguridad interior Shin Beth, organización
que estaba siendo reorganizada por Rabin.
Muerto
Isaac Rabin, lo sucede Shimon Peres en un breve interregno de siete
meses hasta que en las elecciones de 1996, Benjamín Netanyahu es elegido
primer ministro y los laboristas son mayormente barridos del escenario
político israelí. Desde entonces, a través de Ehud Barack, Ariel Sharon,
Ehud Olmert, y hoy nuevamente Netanyahu, el sionismo militante
monopoliza el poder en Israel.
Ahora,
en vísperas de la anunciada guerra de EE.UU., Israel y el Reino Unido
contra Irán, pareciera que Cristina Kirchner -sea por prudencia o por
pánico- se quiere “sentar a conversar con Irán”.
¿En qué consistirán esas conversaciones? En poco, seguramente, ya que la grosera posición argentina es insostenible.
¿Qué harán las organizaciones sionistas que detentan poder determinante en la Argentina?
¿Qué harán 'las embajadas' (de EE.UU. e Israel, se entiende) para presionar?
Todas
son preguntas en un tablero de ajedrez mundial crecientemente complejo
que, conociendo la recurrente falta de idoneidad, planeamiento y
consistencia
con que Argentina viene manejando el 'Caso AMIA' desde 1994, augura un
mal pronóstico para la Argentina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario