Salim Lamrani
El triunfo de la Revolución Cubana ha engendrado el más notable cambio
político, económico y social de la historia de América Latina.
Desde 1959 las nuevas autoridades lideradas por Fidel Castro han
ubicado a los desheredados, particularmente a las mujeres y a las
personas de color, principales víctimas de las discriminaciones
inherentes a una sociedad patriarcal y segregacionista, en el centro del
proyecto reformador. La Revolución “de los humildes, por los humildes y
para los humildes”[1] debía echar las bases de una nueva era
igualitaria, libre de las angustias de las injusticias ligadas a la
historia y a las estructuras sociales del país.
La mujer cubana
fue la prioridad inmediata del Gobierno revolucionario con la creación,
en 1960, de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), cuya presidenta fue
Vilma Espín Dubois, militante plenamente comprometida contra la
dictadura del general Fulgencio Batista y esposa de Raúl Castro. ¿Cuál
era el estatus de la mujer al triunfo de la Revolución? ¿Qué medidas
concretas se adoptaron para difundir y aplicar las ideas de la igualdad
de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres y para acabar con
los prejuicios y los estereotipos culturales?
Tres ejes
estructurarán esta reflexión. En un primer tiempo se dedicará una
atención particular a la situación de la mujer antes del triunfo de la
Revolución. Luego convendrá analizar las medidas que tomó el nuevo poder
para permitir a ese sector de la sociedad alcanzar la emancipación
definitiva y la plena ciudadanía. Finalmente, más allá de las grandes
declaraciones de principios, será oportuno echar una mirado sobre su
estatus actual para evaluar su integración en la vida política,
económica y social del país.
1. La mujer antes del triunfo de la Revolución
Bajo el régimen militar de Fulgencio Batista, de 1952 a 1958, la
mujer cubana, sometida a la cortapisa de una sociedad patriarcal, sólo
representaba el 17% de la población activa y recibía un salario
sensiblemente inferior al del hombre por un empleo similar. Limitada al
papel de ama de casa encargada de las tareas domésticas, sometida a la
omnipotencia del marido, primera víctima del analfabetismo que azotaba a
una gran parte de la población, las perspectivas era más bien sombrías
para la mujer cubana. Así, de los 5,8 millones de habitantes, con
una
tasa de escolarización de sólo un 55% para los niños de 6 a 14 años, más
de un millón de niños no