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06 febrero, 2015

La #Dictadura de los #Graciosillos ( #España )

ibnasad.com

En España, la política de comunicación gubernamental de los últimos 35 años ha consistido en parasitar todo el entramado mediático a través del pensamiento progresista. Y así, en 2015, no importa qué canal de televisión veas (público o privado) o qué radio escuches, que hagas lo que hagas, estás mamando ingeniería social progre: existe un uniforme (desaliñado pero uniforme) severamente impuesto en todos los medios de comunicación españoles con tres elementos comunes: desprecio por nuestro patrimonio, cinismo vital y molicie intelectual disfrazada de tolerancia, buenrollismo y respeto por los Derechos Humanos y su puta madre.

Y curioso, porque este uniforme ni si quiera es español, y ni tan si quiera responde a una estrategia ideológica de la Izquierda. De hecho, el PP ha fomentado con sus gobiernos esta uniformidad progresista en los medios, y por ende, en toda la sociedad. (Por ejemplo, Soraya Sáenz de Santamaría de dedica profesional y exclusivamente a eso). Para los diferentes grupos de poder resulta conveniente hacer de la sociedad, algo igualado en la mediocridad, con un discurso elemental cimentado en cuatro razonamientos simples y falaces. Cuanto más básica y repetida esta pseudo-ideología, más inofensivo, más dócil, más estúpido será el ciudadano, en definitiva, mejor votante será. Es decir, que no se quiere hacer de la sociedad una masa blanda de chachis-pirulis progres por motivos ideológicos, sino por puro pragmatismo de poder: cuanto más frívolos los gobernados, más y mejor gobernarán los que gobiernan. Y es que estos -no lo olvidemos- se pasan cualquier ideología y cualquier construcción intelectual que pueda ejercer de principio moral, por el mismísimo forro.


Esta imposición de la frivolidad, así como su origen no español (pues esta ingeniería social responde a las directrices del poder meta-nacional), se evalúan claramente a través del sentido del humor y de su manipulación. ¿Alguien se ha preguntado en qué momento los humoristas en España se pusieron de acuerdo para aparecer en la televisión con la misma cara de gilipollas, sonrisa cínica y mismo discurso buenista izquierdoide? En un momento de la historia de nuestro sentido del humor, Miguel Gila se pasó de moda, y en ese momento aparecieron pelagatos con gafas de pasta y estética hipster, contando lo que les pasó la primera vez que se fumaron un porro, o deslenguadas lesbianas hablando de la experiencia de usar tampax.

No sé si el pionero del humor progre fue, tal vez, Emilio Aragón -hijo- (quizás el entertainer más dañino y malvado de la historia española), o tal vez, el Gran Wyoming y su CQC (adalid de ese grupo tan guay y tan triunfante en España que alza el chascarrillo y el vacile de listillo a la categoría de diálogo platónico), o tal vez, lo fue Javier Sardá (el millonario que fue el recadero de PRISA y de Rubalcaba por tantos años de máxima audiencia), o quizás, sus sucesores, el que fue virrey de Cataluña, Andreu Buenafuente, o su follonero, Jordi Evole.


Quizás no hubo una figura central que encarnase esta destrucción cultural e intelectual usando el humor como rifle de asalto, porque fueron muchas las figuras: son muchos los nombres propios, y todos ellos se arremolinan alrededor de las intrigas palaciegas de los diferentes gobiernos con el ente público y también con Canal+, Telecinco, Antena3, La Sexta, canales todos ellos que albergaron la franquicia del jew entertainment en España, El Club de la Comedia.


Porque estos guionistas imbéciles a sueldo ni tan si quiera son lo creativos e imaginativos que les gustaría ser. 

El Club de la Comedia surgió como un producto importado, en absoluto autóctono, en disonancia con el humor español tradicional, que tuvo que ser impuesto a la fuerza por los ingenieros sociales del pensamiento único. El stand-up comedy es norteamericano... quizás eso todo el mundo lo sabe. Pero no sólo norteamericano, sino eminentemente judeo-estadounidense, hasta el punto de que aún hoy en Estados Unidos, los principales comediantes del stand-up son judíos y ligados al lobby judío que controla los principales canales donde se emite humor judío a gran escala. Fue el género de los primeros bolos de un Woody Allen en New York, fue el género de aquel fenómeno llamado Jerry Seinfeld, del graciosillo presentador de los oscars Billy Crystal, del sionista Bob Schimmel, de Dave Attel, de Bob Saget (el papá noventero de "Padres Forzosos", el Emilio Aragón judeo-yanqui), de Larry David, del locutor Howard Stern (un híbrido entre Wyoming, Sardá y el Señor Barragán a lo sionista), del pervertido de Lenny Bruce y, por supuesto, de toda la hueste de humoristas feministas (la mayoría, lesbianas) que no saben contar un chiste sin citar su vagina, liderada actualmente por Sarah Silverman (la humorista que le gustaría ser a la chabacana Eva Hache).


Todo el entramado graciosillo de la progresía española condensado en El Club de la Comedia, es una proyección (a los que no les gustan los eufemismos dirán que es una puta copia) del circo mediático de la judería norteamericana, que lleva envenenado décadas con el mismo cocktail: neurosis, obscenidad, ridiculización de cualquier manifestación religiosa (en especial, del cristianismo), relativismo moral, cinismo, perversión sexual, olvido de nuestro patrimonio cultural, fomento de la homosexualidad, y, sobre todo, emasculación espiritual, intelectual y política. 

Es la misma fórmula de destrucción social que tan bien ha funcionado en EEUU y que se ha exportado aún mejor en España. Porque cuando se trata de comprar mierda, España no tiene inconveniente en importarla, aunque le sobre la propia. Todos los gobiernos del PSOE y del PP han estado siempre de acuerdo en el negocio alrededor del dominio de los medios de comunicación por parte de la progresía (nacional o extranjera). Tras treinta y cinco años de programas de televisión para cabezahuecas, de comedias pánfilas, de chistecillos sin gracia.., ¿qué sociedad tenemos? Porque esto, payasos sinvergüenzas que habéis arrasado mi país, no tiene ni pizca de gracia.

28 julio, 2013

Qué son los medios de comunicación

http://attacsevilla.org/?p=506
En general los análisis sobre los medios de comunicación adolecen de una grave ausencia de sentido crítico. La independencia y la pluralidad del sistema mediático suelen aceptarse sin discusión.
Ciertamente existen otras líneas de análisis con perspectiva crítica: éstas suelen centrarse en qué se dice en los medios, cómo se dice, o quién forma sus audiencias y los efectos que producen en ellas. Pero realmente hay pocos estudios que se centren en qué son los medios de comunicación hoy en día, lo que nos permite entender mucho mejor el por qué los medios funcionan de la manera en que lo hacen. En las ciencias sociales hay una escuela de estudio que se ocupa de esta cuestión y que es bastante desconocida: la Economía Política de la Comunicación.
Los medios son ante todo grandes empresas que se mueven en un sistema capitalista. La integración de los medios en el sistema de mercado es hoy total y absoluta, tras el impulso definitivo que recibió en los años ochenta del siglo pasado mediante la aplicación de las políticas neoliberales en el sector y la paulatina desaparición de las normas que limitaban la concentración de la propiedad y el control por parte de compañías ajenas a la comunicación. La banca, los inversores institucionales, las grandes empresas y grandes fortunas se han ido haciendo con la propiedad de los grupos de comunicación. Es más, los grandes medios, como compañías que son, también se diversifican e invierten en otros sectores económicos, participando del entramado de capital que domina la economía mundial. E igualmente ocurre a nivel personal con los miembros de sus consejos de administración, ejecutivos empresariales y bancarios que repiten en otros muchos consejos.
A través de compras, ventas, fusiones de empresas, etc., hemos llegado a un panorama en el que un puñado de conglomerados mediáticos domina el mercado mundial de la información y la comunicación. Se estima que en la actualidad seis grandes compañías controlan más de la mitad del sector a nivel mundial (Time-Warner, Viacom, News Corporation, Comcast, Disney y Bertelsmann). Un escalón más abajo se encuentran otros grandes grupos mediáticos como Pearson, Sony, o los que dominan la estructura mediática en España, algunos de ellos curiosamente sin tener su origen aquí (lo que por otra parte tampoco dice mucho, pues como multinacionales que son tienen sus propietarios y sus clientes repartidos por el mundo). La televisión española tiene en este momento, sin contar a RTVE, únicamente dos dueños: Mediaset, el grupo de Silvio Berlusconi (Telecinco, Cuatro, La Siete, Energy…), y Planeta, del marqués José Manuel Lara Bosch (Antena3, La Sexta, Neox, Nova, Nitro… también la enorme editorial homónima, en radio Onda Cero, y el periódico La Razón). En prensa, radio y demás encontramos también a Prisa (El País, Cadena Ser, la plataforma Digital+ …), que pertenece desde finales de 2010 al fondo de inversión Liberty Adquisition Holdings; Unidad Editorial (editora de El Mundo y Marca entre otros), que es propiedad del grupo italiano Rizzoli Corriere della Sera; Vocento (ABC y varios periódicos regionales y locales), participada por varias familias históricas españolas como los Ybarra y los Luca de Tena junto con, entre otros, el BBVA; o el Grupo Intereconomía (La Gaceta, IntereconomíaTV) del empresario Julio Ariza Irigoyen junto a otros grandes empresarios y financieros.
Hay que resaltar también la importancia de la publicidad. Cuando la comunicación empezó a industrializarse en la segunda mitad del siglo XIX, con el consiguiente aumento de los costes de producción, comenzó a quedar claro que los periódicos sin publicidad no eran económicamente viables. Los anunciantes son la principal y determinante (casi única en realidad) fuente de ingresos de los medios masivos. Uno de los académicos pioneros en el análisis de la comunicación desde la Economía Política, Dallas Smythe, consideró que la función de los medios es crear bloques de audiencias para venderlos a los anunciantes, asegurando de este modo la propensión al consumo. Por lo que es primordial no disgustarlos con los contenidos y las informaciones que se ofrecen, pues lo lógico es que rechacen publicitarse en medios ideológicamente enfrentados a ellos, o que consideren perjudiciales para sus intereses. ¿Y quiénes son los mayores anunciantes? Pues la banca y las grandes empresas.
Una vez enmarcadas adecuadamente dentro del contexto socioeconómico en el que operan, se puede entender cuál es el objetivo principal de las empresas mediáticas: favorecer los intereses de sus dueños y anunciantes. Por un lado, evidentemente, la principal consigna a seguir es centrarse intensivamente en la rentabilidad. En ese sentido funcionan igual que el resto de grandes empresas: obtener los mayores beneficios económicos con el menor gasto posible. Por otro lado, los medios de comunicación tienen un valor especial e incalculable: distribuyen la información entre la población, y aún más, educan, transmiten valores, creencias y códigos de comportamiento. Quien controla los medios de masas controla la distribución de mensajes e ideas. Se puede decir que tienen, además de rentabilidad económica, una rentabilidad ideológica. En manos de las grandes compañías los medios reproducen la visión del mundo que encaja con los intereses de sus amos, educan en los valores del llamado “libre mercado”, una denominación errónea a la vista de la estructura y el funcionamiento de los diferentes sectores económicos, entre ellos por supuesto el mediático: si fuera libre cada uno de los miles de periódicos, revistas, emisoras de radio y de televisión, editoriales, etc., que existen tendría un dueño, con lo que habría miles de dueños individuales y se podría abarcar todo el espectro de ideas políticas y sociales para distribuirlo entre la población, y al ser empresas más pequeñas podrían entrar nuevos empresarios en el mercado con ideas nuevas. Hablamos de los valores de un sistema capitalista cuya dinámica sólo puede favorecer el poder de las grandes empresas y fortunas, el gigantismo empresarial, el oligopolio, la concentración de la riqueza en pocas manos. Eso que autores de referencia como Ignacio Ramonet han denominado pensamiento único.
Las grandes empresas son las vacas sagradas de los medios. Sus conductas ilegales suelen ser ocultadas a la opinión pública: explotación laboral, daños medioambientales, evasión fiscal, manipulación de precios… En el clima mediático se convierten en las campeonas de la “marca España”. Las páginas de las secciones de economía consisten principalmente en propaganda de las grandes compañías en forma de boletines de prensa que se publican sin cambios importantes o bien textualmente: tal compañía ha obtenido tantos miles de millones de beneficios, superando al año anterior, gracias a su diversificación… Todos los días aparecen las cotizaciones del mercado de valores, aunque el porcentaje de hogares que juega en bolsa sea mínimo (sólo lo hacen los más adinerados). El IBEX-35 es para los medios el principal indicador de la marcha de la economía, cuando en realidad sólo lo es de la marcha de estas grandes empresas, que como mencionamos antes de españolas tienen muy poco, al igual que muy poco aportan a nuestra economía, más bien la arruinan defraudando y evadiendo capitales o destruyendo empleo.
Mención aparte merecen en estos tiempos la banca y los inversores financieros. Además de por ser accionistas y grandes anunciantes, los bancos controlan a las empresas mediáticas a través de la deuda. Éstas deben negociar con ellos para conseguir créditos, y como el resto de la sociedad suelen tener grandes deudas. Cuando estalló la burbuja inmobiliaria en el Estado español los medios convirtieron la causa en consecuencia: la crisis fue la causante de que las empresas inmobiliarias y la banca quebraran, cuando fue todo lo contrario, fue causada por ellos. No se observa análisis crítico alguno en las informaciones sobre los rescates de las entidades financieras y las colosales inyecciones de dinero público, o sobre la relación de estas entidades con los paraísos fiscales, a los que mantiene y explota para beneficio de sus más adinerados clientes (mafias incluidas) y del suyo propio. Mientras se silencia la especulación financiera con la deuda pública, los alimentos, la energía, etc., apenas se publica algún breve artículo con la manipulación de los índices de referencia para créditos como el Euríbor y el Líbor, y en el asunto de las preferentes y otros productos financieros colocados con mentiras a millones de pequeños clientes y ahorradores y que les han llevado a la ruina, nunca aparecen las palabras fraude o estafa, sino que es una cuestión de productos complejos.
Así que la culpa de todo está en el excesivo gasto público. Esa es la idea que defiende la inmensa mayoría de columnistas y tertulianos de los grandes medios. Sin importar que los datos desmientan absolutamente tal afirmación, defienden como inevitables los durísimos recortes a los servicios públicos y la terrible pérdida de derechos económicos y sociales en la que estamos sumidos. La aparente amnesia sobre el origen del déficit y la deuda pública en el rescate al sistema financiero es orwelliana: sólo sin memoria se puede justificar la destrucción de la sanidad, la educación y las pensiones públicas. Y por supuesto, el empleo: parece que el concepto pleno empleo ha desaparecido de la memoria colectiva. En cambio las reformas laborales que se ceban en las condiciones y salarios de los trabajadores y facilitan su despido, y que aumentan aún más el desempleo, son necesarias para dinamizar la economía. En fin, sólo hay un grupo que se beneficia de todas estas políticas: el del capital, el de los bancos, grandes empresas y fortunas, ésos “mercados” a los que hay que calmar. Los dueños de los medios.
Habrá quien argumente que las recientes revelaciones sobre corrupción en el partido gobernante del Estado español prueban la independencia mediática. Pero recordemos que la vaca sagrada es el poder económico, no la clase política. Los medios, habitualmente, necesitan establecer buenas relaciones con los partidos de gobierno pues requieren legislaciones favorables en su sector, autorizaciones, concesiones de licencias… Pero si consideran que el gobierno va a perjudicar sus intereses no dudarán en atacarle. Y seguramente en estos momentos los grupos que poseen los dos diarios de referencia a nivel estatal consideren que la situación actual del Partido Popular y su creciente impopularidad pueden tener efectos políticos imprevisibles y muy negativos para sus intereses económicos. Además resulta muy revelador que las tintas se carguen sobre el tesorero del partido y los altos cargos implicados, mientras pasa casi desapercibido el hecho principal, es decir, que son grandes empresas las que financian ilegalmente al partido gobernante para recibir sus favores y sus contratos públicos.
También suele argumentarse que la honestidad y la profesionalidad de los periodistas sirven de barrera contra las maniobras de los propietarios. Esto es bastante ingenuo. Se cuentan por miles los casos de despidos y traslados de periodistas y directores de medios que han ido en su trabajo contra los intereses de sus propietarios. Y es muy extraño que una compañía nombre como director a alguien al que consideran contrario a sus deseos. De nuevo resultan reveladores los continuos ERES y la degradación de las condiciones laborales en las principales empresas de medios. La excusa que aparece de forma apabullante en los propios medios es su supuesta crisis debida al desarrollo de las nuevas tecnologías que están acabando con los formatos tradicionales y produciendo pérdidas enormes. Pero esta idea no se sostiene, los datos de los ingresos en los grupos mediáticos españoles desde el año 2007 hasta la actualidad muestran cierta disminución (y no en todos los casos, al Grupo Planeta le ha ido muy bien), pero hablamos de ingresos de cientos o miles de millones de euros anuales, nada tan dramático como para justificar los decenas de miles de despidos en los últimos años. Lo que está pasando tiene mucho más que ver con la dinámica normal de las grandes empresas, con ganar más gastando menos. Y además sirve para disciplinar a los periodistas, que reciben el mensaje claro de que para salvarse del despido es mejor que sigan la línea adecuada y se autocensuren si así se requiere.
Hay que reconocer que no todos y todas las periodistas se someten a este funcionamiento. Estamos viendo ejemplos de nuevos medios que, de forma modesta y utilizando fundamentalmente internet y las nuevas tecnologías, se abren paso añadiendo pluralidad ideológica, retrospectiva y análisis contextualizado al conjunto del sistema. Algunos de ellos fundados por periodistas y trabajadores despedidos hace poco por algún gran medio. Pero como diría el profesor Ben Bagdikian, es bastante difícil que la mayoría de la sociedad escuche estas voces minoritarias en el estruendo producido por los grandes medios. La lucha existe y está ahí, pero es sin duda desigual. La situación sólo podrá cambiar cuando exista la voluntad política de acabar con el carácter de negocio que tienen en estos momentos la información y la comunicación, con el dominio privado sobre un bien que es público (o común), un derecho humano.
Notas
(1) Para profundizar en ese proceso, véase Edward S. Herman y Robert W. McChesney, Los medios globales: los nuevos misioneros del capitalismo corporativo, Editorial Cátedra, Madrid, 1999.
(2) Recomendamos dos trabajos de referencia: el de Noam Chomsky y Edward S. Herman, Los guardianes de la libertad: propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas, Crítica, Barcelona, 2009; y el de Ben H. Bagdikian, El monopolio de los medios de difusión, Fondo de Cultura Económica, México, 1986.
(3) Dos estupendos trabajos recientes sobre los grupos mediáticos a nivel mundial y estatal son: Ramón Reig, Los dueños del periodismo: claves de la estructura mediática mundial y de España, Editorial Gedisa, Barcelona, 2011; y Pascual Serrano, Traficantes de información: la historia oculta de los grupos de comunicación españoles, Editorial Foca, Barcelona, 2012. En el blog La mirada del mendigo se puede encontrar una fantástica infografía que explica de manera sencilla la distribución de la propiedad mediática en el Estado español (http://esmola.wordpress.com/2012/07/09/los-duenos-de-la-informacion-ii/)
(4) La trayectoria reciente del grupo Prisa es un ejemplo perfecto. Siendo una empresa en quiebra, que llegó a alcanzar una deuda de 5.000 millones de euros, fue comprada a pesar de ello por un fondo de inversión. Y en 2014 tres importantes bancos, el Santander, Caixabank y HSBC, tendrán el 20% del capital del grupo tras canjear deuda que mantenía con ellos por acciones (Periodista Digital, 18 de julio de 2012: http://www.periodistadigital.com/periodismo/prensa/2012/07/18/mongolia-propiedad-medios-banca-capital-prisa-vocento-planeta-unidad-editorial.shtml). ¿Por qué apoyar así a una empresa en quiebra? Seguramente porque les interesa controlar al grupo con el mayor periódico del Estado y la emisora de radio con más audiencia.
(5) Ignacio Ramonet, “Pensamiento único y nuevos amos del mundo”, en Cómo nos venden la moto, Editorial Icaria, Barcelona, 2005.
(7) Varios países de América Latina con gobiernos más o menos de izquierda, como Argentina, Bolivia y Ecuador están aprobando en los últimos años leyes de comunicación que marcan un camino posible para democratizar el ámbito mediático y acabar con el dominio del sector privado sobre el mismo. En particular la ley recientemente aprobada en Ecuador avanza de manera muy importante hacia este objetivo; por supuesto los propietarios de medios y organizaciones empresariales, tanto de allí como internacionales, han atacado furiosamente esta ley asegurando que acaba con la libertad de expresión. Para conocer su contenido recomendamos este artículo de Pascual Serrano (eldiario.es, 29 de junio de 2013: http://www.eldiario.es/zonacritica/Ecuador-Ley-Organica-Comunicacion-presentaran_6_148095194.html).