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22 febrero, 2013

A La Diestra De #Sión (8)


A La Diestra de Sión 12345- 678
 
A LA DIESTRA DE SIÓN
Ferran C. Vidal

Guerra Final: Los con Dios y Los sin Dios
Vivimos en un mundo moderno compuesto por una masa desarticulada y cosmopolita, sin ningún tipo de arraigo ni sentido del deber. Nuestra sociedad desnaturalizada, no sólo se ha apartado de los principios espirituales, sino que imagina ideas, recursos y crea instituciones para combatirlos. Es el apuramiento de Kali Yuga, donde el mundo está entregado a pérfida merced de la antitradición y gobernado por hombres sin casta ni ventura.
Tiempos en que no podemos confiar siquiera en representantes ortodoxos del catolicismo como la Fraternidad Pío X o los sedevacantistas, por su extremado sectarismo, exclusivismo y literalización de las formas sagradas. No pensamos alterar el argumento de Evola en que el declive del catolicismo no empezó con el Concilio Vaticano II, sino durante el siglo XVI, mayormente tras el Concilio de Trento, donde la concepción imperial y la noción divina de la soberanía real se secularizaron, perdiendo así la autoridad celeste el soberano para convertirse en un simple jefe político. Con Felipe el Hermoso se allanó el camino hacia el laicismo del Estado y la sublevación de los plebeyos de la Revolución Francesa, hija del Renacimiento, etapa histórica que más bien debería interpretarse como ''hundimiento''. Asentados los ideales renacentistas y un Imperio fragmentado en unidades nacionales clausuradas, la continuidad tradicional sufrió una ruptura insondable que se acusaría con el individualismo de la Reforma y, finalmente, la Justicia Solar del Orden Católico, impregnada de tales convicciones, declinó hacia al humanismo de paideia. Reivindicamos, en oposición al vigente cristianismo liberal de zalenjas y limosnas, el catolicismo tradicional de grandes discípulos como Bernardo de Claraval, Jan Ruysbroeck o Maestro Eckart. Distinguimos, pues, a un Occidente crasamente debilitado aún en las formas sagradas religiosas que todavía quedan en pie, por haber degradado éstas su conocimiento anafórico al mundo rasante de lo ético, social y contigente. El hecho de que tras la propuesta del Centro Evoliano de America, en tanto a una unión Cristiano-Musulmana, la mayoría de voluntarios hayan sido musulmanes es un diáfano reflejo a lo que exponemos.
Sin embargo, y pese a los efectos devastadores del desenvolvimiento cada vez más oscuro de este fin de Kalpa o Manvantara, el Islam sigue siendo el mayor bastión de resistencia contra el patógeno de la democracia y el liberalismo. Frente al hombre occidental, atizado por el tener, acaparar y aparentar, el musulmán reafirma su condición guerrera donde el honor y la justicia son la fuerza y ley suprema de sus vidas. La tradición islámica es actualmente la más apta para el desarrollo integral del hombre, pues permite una experiencia instantánea, liberadora e inamisible, donde lo individual se intersecta y eleva soberanamente hacia la universalidad querigmática. Abandonado el Axis Mundi, a Occidente le queda sólo vivir en un mundo sin alma, poblado por hombres venales, irresponsables, corruptos e inmorales. Seres sectarios, desleales y hedonistas, donde el cinismo, el engaño y la lascivia forman la materia prima de su naturaleza desalmada. Es el plasma del arquetipo de hombre emotivo y

21 febrero, 2013

A La Diestra De #Sión (7)


A La Diestra de Sión 12345- 678
 
A LA DIESTRA DE SIÓN
Ferran C. Vidal

Apoliteia y Palingénesis vs Acción Política
Para el mundo de la Tradición la vida es una posibilidad a estados superiores, y su vía de acción es, más que un deber político, un deber espiritual. Así, el hombre tradicional debe rechazar cualquier forma actual de política. Esta Apoliteia no implica, sin embargo, la completa abstención de toda actividad socio-política. El hombre apolítico, es decir, un ''aristócrata espiritual'' o ''genio de la estirpe'', debe siempre distanciarse de todos los valores y formas de la sociedad moderna y focalizar la batalla dentro de sí mismo, más allá del poder inmediato de la política. Esto es lo que distingue al hombre diferenciado del hombre de acción moderna, tan bien descrito por Antonio Medrano: «Para el hombre moderno activista, no sólo importa más actuar que pensar o conocer, sino que la acción constituye la finalidad de todo el pensamiento, la prueba y garantía de lo que se entiende por veracidad. No es la búsqueda de la verdad lo que justifica el pensar, sino el hacer y obrar: el pensamiento que no se resuelva en acción es un pensamiento que no interesa. […] Llevada a los extremos, la acción se convierte en una auténtica droga, que no sólo crea adicción, atenazando la voluntad del individuo, sino que obnubila su conciencia, anula sus potencias superiores de percepción y raciocinio, deforma su visión de las cosas y le priva, por tanto, de libertad y autonomía». Antonio Medrano
Más que crear ''nuevas'' formas, es preciso restaurar las mismas. No hay revolución sin eternidad, y ésta debe ser impulsada por las élites y no por las masas, entendiendo el término revolución como una reordenación del caos, una reintegración cósmica de los manifestado a su Unidad principial. Toda civilización superior debe actuar en su existencia temporal como sustento e inspiración de principios que provienen de la Tradición. Esta restauración pasa en el individuo por un proceso espiritual o Palingénesis y una mentalidad de Apoliteia, que, exenta de acción política, debe obrar fines únicamente metapolíticos. Cabe desechar, por tanto, toda participación en la vida política y sus formas de activismo, así como el electoralismo o cualquier expresión de modernismo de la democracia liberal. La idea que el Estado extrae su origen del demos es una perversión ideológica típica del mundo moderno.
Esta edad crepuscular, entendida para el hombre tradicional como un tiempo de Interregnum, puede de algún modo despertar la grandeza espiritual de aquello que entendemos por Nación. Queremos recordar, siguiendo las anotaciones de Evola, a que nos referimos cuando hablamos de Nación: «El Estado no es la estructura organizativa de la Nación, sino la encarnación del Orden, y la ''nación'' no tiene valor, mientras es la noción de Imperium la que sitúa en el centro de esta doctrina del Estado». Julius Evola
Toda forma de Imperio tiene que ser sagrada para que pueda prosperar, y el conjunto de sus