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¿Europa sorprendida por un piloto que se suicida con ciento cincuenta a sus espaldas? Los europeos no dan crédito, están atónitos, impactados… ¿Acaso hay motivos para sorprenderse? Si en verdad han asimilado como cierta la versión oficial del 11-S, exactamente eso fue lo que ocurrió aquel día. Y por partida cuádruple, en el número de aviones; y por doce, en el de suicidas involucrados. Aun con todo, la sociedad europea cree más verosímil que una docena de musulmanes anónimos se suicide en aviones matando a miles, que un alemán normal con nombre y apellido lo haga con ciento cincuenta. ¿Por qué? Podrán argumentar que el fanatismo islámico hace posible para el religioso lo que para un europeo depresivo promedio resulta impensable e imposible. Y sin embargo, si fuera válido este razonamiento, nadie podría asegurar que Andreas Lubitz no tuviera un motivo de más peso que un evanescente paraíso prometido abarrotado de huríes virginales.
¿Sabéis una cosa? Yo estoy convencido de que en el 11-S murió la misma cantidad de suicidas que en el avión de Germanwings, es decir, cero, ninguno. ¿Conspiranoico? No tanto… En el primer caso se trata de una imposibilidad técnica (maniobras sólo posibles para pilotos experimentados que, muy probablemente,
