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10 marzo, 2016

#DonaldTrump Solid #Platform

Jim Stone

Romney the crypto Jew 
Fake no way in * the guy is a Mormon crypto Jew Romney came out hard against Trump, to try to bash Trump into the gutter. Additionally, a gazillion trolls are at it in the forums and comment sections trying to destroy Trump, and nothing at all said is honest. QUESTION: If Trump is acting and talking like a real Republican from 50 years ago, before politics went down the garbage chute entirely, and Trump has absolutely mind boggling support, WHY DOES THE REPUBLICAN PARTY HATE HIM AND WANT TO DESTROY HIM? One would think that if a political party had such a popular candidate that political party would jump behind such a candidate and try to push him to the stratosphere. This is not what we have seen.

What does the behavior say? ONE THING: Trump is an outsider, from outside the corrupted political process. Trump has not been updated on the child murders, the molech worship, the luciferian NWO agenda, and exactly who really runs America. And that has the usurpers of America's government running scared. They will do all they can to destroy him, and if they fail, they absolutely will kill him. They will do it with something filthy, like a cocaine overdose or some other ruse to smear the hell out of him.

If you want to see who a real candidate is, just look at how the Jews react to that candidate. The Jews have done everything they possibly can to destroy Trump, with the media, with Jews in the government, with Jew trolls everywhere online spewing lie after lie. With the Jew being the number one enemy of the American people, that should say a lot. If the Jew hates something, that

06 noviembre, 2012

Se elige presidente en EEUU, so what?


Atilio Borón

So what es una expresión coloquial corriente en el habla cotidiano de Estados Unidos cuyo significado oscila entre un benigno y curioso interrogante y una descortés, incluso ruda e insolente, refutación de algo que se hubiera dicho o escrito anteriormente. Una traducción literal de este segundo significado sería algo así como “¡y eso que diablos importa!”, y es exactamente eso lo que queremos expresar en esta nota en relación a las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos.
La irritación contenida en esa frase es hija del hastío y la fatiga que produce la rutinaria repetición, cada cuatro años, de que esta vez sí la elección del emperador con sede en Washington puede realizar el tan anhelado cambio que se promete, se espera y nunca se produce. Esta insoportable reiteración tiene como compañera una actitud autodenigratoria que se duele ante el hecho de que ninguno de los dos candidatos más importantes (porque hay otros cuatro que los medios ocultan sistemáticamente, sobre todo el del Partido Libertario, del ex gobernador de New Mexico Gary Johnson y la del Partido Verde, Jill Stein) haya mencionado a país alguno de América Latina en sus numerosísimas declaraciones e intervenciones públicas durante la campaña. Esta lamentación prueba una vez más la penetración del proceso de colonización imperialista en las elites políticas, intelectuales y económicas de nuestros países que internalizaron el discurso imperial uno de cuyos axiomas, obviamente, es la negación de la importancia del otro, sobre todo cuando éste es un país o una región que la Casa Blanca considera como propia o, en el mejor de los casos, como su “patio trasero.” Colonialidad del saber, o colonización cultural, como lo establecieran hace tiempo el sociólogo peruano Aníbal Quijano y el escritor cubano Roberto Fernández Retamar en virtud del cual nuestras clases dominantes y sus representantes políticos y culturales asumen sin beneficio de inventario el discurso del César imperial. Obviamente que hay algunos que son conscientes de su condición de representantes vicarios de aquél y saben que el ninguneo en la campaña no se corresponde con la importancia que los jerarcas del imperio le asignan a América Latina y el Caribe. Pero la mayoría no entra en esta categoría y son gentes que creen a pie juntillas en la absurda tesis de la “irrelevancia” de la región, misma que es desmentida por la permanente intervención de los Estados Unidos en los asuntos internos de nuestros países, como lo prueba la historia de las relaciones inter-americanas; desmentida también por la existencia de 76 bases militares de Estados Unidos en esta parte del mundo (¿instaladas, tal vez, como un “premio consuelo” ante nuestra supuesta “irrelevancia”?); desmentida otra vez por ser esta parte del mundo la destinataria de la primera doctrina de política exterior de Estados Unidos, la doctrina Monroe, que antecedió en casi un siglo a la concebida para otra área del globo, Europa, recién en 1918 (Doctrina Wilson). Son estas algunas de las múltiples razones que llevaron en repetidas ocasiones a Fidel y al Che a afirmar que “América Latina es la retaguardia estratégica del imperio”, tema éste examinado cuidadosamente en la extensa producción de un brillante académico y diplomático brasileño, Luiz Alberto Moniz Bandeira y, sin el mismo brillo, en nuestro América Latina en la geopolítica del imperialismo , un libro de próxima aparición dedicado precisamente a desmontar el pernicioso mito de la “irrelevancia” de América Latina.
Si los intelectuales y los políticos latinoamericanos se equivocan y hacen suyas las tesis imperiales, quienes no caen en ese error son los grandes estrategas, los jefes militares y los operadores políticos estadounidenses, para los cuales nuestra región es supremamente importante. Quien expresó esto de una manera brutalmente didáctica fue Zbigniew Brzezinski: consultado por qué casi no hablaba de Latinoamérica en uno de sus más importantes libros, El Gran Tablero Mundial , se encogió de hombros y dijo que tampoco hablaba de lo que ocurría en Texas o Alabama. En ocasional coincidencia con el pensamiento crítico latinoamericano Brzezinski dijo que los países al Sur del Río Bravo mal podían analizarse en el marco de la política exterior de Estados Unidos. La extensa frontera mexicano-estadounidense, los millones de inmigrantes procedentes de toda América Latina y el Caribe, la creciente presencia económica, política y cultural de los “latinos” dentro de Estados Unidos amén de la importancia excepcional de la región por sus recursos naturales y sus mercados para la producción norteamericana desaconsejan adoptar un enfoque como el tradicionalmente empleado por los internacionalistas académicos y que estúpidamente suponen que las relaciones de Estados Unidos con esta parte del mundo pueden ser examinadas con el mismo baremo aplicado al estudio de las relaciones de la Roma americana (subrayar por favor eso de “americana”) con países situados en distantes latitudes africanas, asiáticas e inclusive europeas. Una premisa inconmovible de la política internacional es la geografía, y Estados Unidos limita al Sur con México y el Caribe, no con Burundi, Birmania o Lituania. Si cualquiera de estos tres países tuviese la osadía de elegir a un gobierno de izquierda sería harto improbable, por no decir imposible, que la Casa Blanca dispusiera el envío de una expedición punitiva de marines en un número equivalente al 10 por ciento de la población invadida, como lo hiciera Ronald Reagan en 1983 con la “irrelevante” isla de Granada (60.000 habitantes en ese año) para desalojar y luego asesinar al Primer Ministro Maurice Bishop y varios de sus colaboradores. Nuestra América es diferente, tiene con Estados Unidos una “relación especial” y todo lo que ocurre en nuestros países es muy trascendente para la Casa Blanca. Por supuesto, la clase dirigente norteamericana bien se cuida de reconocer públicamente este dato fundamental de su política exterior.
Dados estos antecedentes creer que la personalidad del inquilino de la Casa Blanca puede alterar significativamente la política de Estados Unidos en relación a Latinoamérica y el Caribe es un craso error. Podría objetarse, con razón, que no es igual Ronald Reagan que James Carter y sus políticas de derechos humanos, pero mismo éstas tuvieron límites muy precisos porque mientras Carter creaba la Secretaría de Estado Adjunta para los Derechos Humanos y nombraba como responsable de esa agencia a una activista radical como Patricia M. Derian, el resto del engranaje político de su administración –en donde sobresalían nombres tales como el del ya mencionado Brzezinski, el de Richard Holbrooke, Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Extremo Oriente, y el del embajador en la Argentina, Terence Todman, de indisimulada simpatía con la dictadura genocida de la segunda mitad de los años setentas- saboteaba sistemáticamente esas iniciativas y colaboraba activamente con las dictaduras de la región. Carter tuvo que enfrentar tiempos muy difíciles: los legados de la traumática derrota en Vietnam, producida un año y medio antes de que asumiera su cargo en la Casa Blanca; la inédita “estanflación” que azotó al mundo desarrollado en esos años; la crisis de la energía desatada en 1979 por el triunfo de la revolución y el derrocamiento del Sha de Irán, con el nuevo aumento en el precio del petróleo; la crisis de los rehenes norteamericanos en Irán (donde algunos ven la mano de la CIA, interesada en evitar la re-elección de Carter para liberarse de las restricciones que a su accionar imponía la política de derechos humanos) y, sobre todo, el pecado principal: la firma del Tratado Carter-Torrijos por el cual se devolvía el Canal de Panamá a este país, decisión ésta fuertemente resistida y luego repudiada por los halcones del Pentágono y la derecha estadounidense. 1
De lo anterior se desprende que, tal como lo señalan algunos analistas no convencionales de la política norteamericana, conviven en Estados Unidos dos gobiernos: uno transitorio, surgido del proceso electoral, y otro, mucho más importante, permanente, de facto , elegido por nadie y responsable ante nadie que es quien toma las decisiones fundamentales y establece el rumbo de la política que deben adoptar e implementar el Ejecutivo y el Congreso. Abona esta interpretación el famoso Discurso de Despedida del Presidente Dwight Eisenhower alertando a sus conciudadanos del inmenso poder adquirido por el complejo militar-industrial. Eisenhower señaló que el influjo de esa coalición empresarial y militar era tan grande que no había rama o nivel de la administración pública que escapara a su influencia y que tal cosa entrañaba el peligro del “desastroso surgimiento de un poderío que ya existe y que persistirá a lo largo del tiempo.” Mientras el gobierno permanente fue agigantándose, los circunstanciales gobiernos instalados por el voto popular no hicieron sino debilitarse frente a las fuerzas del mercado, de los mega conglomerados empresariales y a su articulación en torno al complejo militar-industrial y los sectores económicos y financieros que giran a su alrededor. La historia además enseña los riesgos que conlleva cualquier tentativa de oponerse a los designios de las clases dominantes, tanto ayer como hoy. Cuatro presidentes fueron asesinados en los Estados Unidos, tres de los cuales (Lincoln, Garfield y Kennedy) habían tenido la imprudencia de expresar opiniones inadmisibles para los poderes establecidos. Abraham Lincoln, por ejemplo, dijo poco antes de ser ultimado que “tengo dos grandes enemigos: el Ejército del Sur frente a mí y los banqueros a mis espaldas. De los dos, los de atrás son los peores.” Tiempo después, James Garfield declaró que: “Quienquiera que controle el volumen de dinero en cualquier país es el amo absoluto de la industria y el comercio.” (Garfield fue asesinado en 1881, a escasos cuatro meses de haber asumido la presidencia). Kennedy, por último, había mostrado su grave preocupación ante el hecho que “(L)a oficina del Presidente ha sido usada para fomentar un complot para destruir la libertad de los americanos y antes que deje la Presidencia debo informar a los ciudadanos de este estado de cosas”. (JFK fue asesinado en Noviembre de 1963). 2
Para resumir: el silencio de los candidatos en materia de política exterior (apenas alguna referencia aislada a Medio Oriente y, especialmente Israel, fogoneada por Romney como respuesta a la intensa presión del lobby judío) revela lo obvio: ese no es un tema que deba discutirse en público y ante la ciudadanía. Las opciones ya fueron tomadas por el gobierno permanente, que no tiene el menor interés en que asuntos de importancia nacional sean ventilados en debates electorales. La decisión de rodear América Latina y el Caribe con bases militares no va a ser ni remotamente sometida a un escrutinio democrático. Lo mismo cabe decir de la política de incondicional apoyo al régimen fascistoide israelí; o el apoyo financiero y logístico para derrocar a Khadafi y ahora al régimen sirio; o la exorbitante escalada del gasto militar estadounidense; o la decisión de asesinar selectivamente opositores en terceros países utilizando drones, aún en los casos en que esos países no estén en guerra con Estados Unidos, como es el caso de Yemen, Pakistán o Palestina. Estos son “asuntos serios” en los cuales, como lo recuerda Noam Chomsky, la “chusma” no tiene razón alguna para ser informada y, mucho menos, decidir. Y en asuntos domésticos la situación es igual: ¿cómo se le va a preguntar a la ciudadanía en un referendo si prefiere salvar a los estafadores seriales de Wall Street y sus compinches o a quienes quedaron en la calle al no poder pagar sus hipotecas? Es obvio que un asunto tan delicado como este no puede quedar librado a los volátiles humores de una plebe fácilmente manipulable por un demagogo irresponsable. Y como éste tantos otros temas, que sería tedioso enumerar. Recordemos apenas la cuestión del fenomenal negociado que la industria farmacéutica y los prestadores médicos hacen a costa de la salud de la población; o la persistencia de una reaccionaria política que obstaculiza la sindicalización de los trabajadores; o los alambicados vetos que impidieron llevar adelante una reforma del sistema bancario; o la necesidad de implementar una auténtica reforma tributaria que ponga fin a los innumerables mecanismos de elusión legal, subsidios y exenciones de todo tipo que favorecen a las grandes fortunas mientras los asalariados se convierten en una masa de contribuyentes cautivos. Estos, y tantos otros, son temas demasiado importantes para ser discutidos públicamente, en el ámbito de una genuina democracia, y sólo el gobierno permanente decide sobre los mismos.
De lo anterior se desprende la intrascendencia de las elecciones norteamericanas, lo que contrasta con la importancia que tiene la estructura del poder real corporizada en el gobierno permanente de Estados Unidos. La frustración de la Administración Obama, tan pletórica en promesas (recordar el “yes, we can” ) incumplidas, como el cierre de la infame cárcel y centro de torturas de Guantánamo; la “nueva relación” con América Latina y el Caribe; la reforma migratoria; el fiasco de las fallidas reformas del sistema de salud y del sector financiero; la criminal acentuación de las políticas belicosas establecidas por su predecesor y la escalada infernal de los drones ; el infame linchamiento de Khadafi y la mafiosa ejecución de Osama bin Laden frente a su familia y las mentiras acerca del supuesto ritual fúnebre de su cadáver y posterior desaparición en el mar (que ahora sabemos se encuentra en una base de la Fuerza Aérea en territorio de Estados Unidos); el ilegal espionaje masivo sobre los correos electrónicos, mensajes de texto y telefonemas denunciado por la American Civil Liberties Union ; la sistemática censura de prensa promovida tanto fuera y dentro de Estados Unidos, sobre todo en relación a las “zonas calientes” del sistema internacional; la represión a las manifestaciones del movimiento Occupy Wall Street (¡que llevó a encarcelar a la candidata del Partido Verde en plena campaña!) son pruebas más que suficientes acerca de la escasa gravitación que el insólito Premio Nobel de la Paz que despacha en la Oficina Oval de la Casa Blanca tiene en la estructura de poder del imperio.
Con todo, si existiera alguna posibilidad de un leve desvío en relación a los dictados del gobierno permanente tal cosa sólo podría ocurrir en el segundo mandato de un presidente, no en el primero. El complot en contra de Carter y el asesinato de Kennedy son muestras muy persuasivas de los riesgos que corre quien quiera promover políticas contrarias a las que impulsa la coalición que realmente manda en Estados Unidos. Cualquier presidente de este país sabe que todo lo que haga en el primer turno de su mandato deberá estar subordinado al imperativo de su re-elección. Si tiene éxito en este empeño, en el segundo puede hacer algo distinto. Salvo, claro está, en casos excepcionales como el de Franklin D. Roosevelt, pero la distancia entre la alianza social que respalda a Obama (ni hablar de Romney) y FDR es sencillamente inconmensurable. Bajo esta perspectiva, y sabiendo que tanto Obama como Romney no tienen nada bueno que ofrecer para los estadounidenses y para los pueblos del resto del mundo, hay una mínima chance de que el primero -tal vez y si tiene las reservas morales y las agallas que hasta ahora no ha podido demostrar- pueda torcer en algo el rumbo catastrófico por el que Estados Unidos está arrastrando al resto del mundo. Podría intentar, por ejemplo, ordenar el cierre de la cárcel de Guantánamo y poner fin a un baldón que cubre de infamia a los Estados Unidos ante la comunidad internacional; o disponer el indulto para “Los cinco” luchadores antiterroristas cubanos presos en las cárceles del imperio precisamente por luchar contra el terrorismo organizado por la mafia anticubana y los servicios de inteligencia de Estados Unidos con base en Miami; o suspender las criminales incursiones de los drones; o poner fin al bloqueo contra Cuba; o las actividades desestabilizadoras y las campañas de terrorismo mediático en contra de los gobiernos de izquierda en la región, financiadas con fondos de los contribuyentes de Estados Unidos según declaraciones de altos funcionarios de la USAID y la NED. Las chances de que esto ocurra son ínfimas en el caso de Obama, y completamente inexistentes si su contendor llegara a triunfar. Por eso no se entiende la infantil excitación de algunos observadores y comentaristas latinoamericanos acerca de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Son un penoso síntoma, eso sí, del triunfo ideológico del imperio, una prueba más de que éste se sostiene no sólo por la opresión económica y las fuerzas de las armas sino también, y tal vez principalmente, por la eficacia de sus dispositivos de dominación cultural. Pero las cosas están cambiando. Aún cuando sus estrategas y grandes intelectuales orgánicos alertan sobre su decadencia los intelectuales y los políticos y gobernantes colonizados siguen creyendo que el coloso es invencible y será eterno. No pasará mucho tiempo antes de que los hechos les propinen una dura réplica y, como lo dijera Salvador Allende en su postrero discurso bajo la metralla de los traidores, se abran las grandes alamedas por donde los hombres y mujeres libres de Nuestra América marcharán para comenzar a escribir su verdadera historia.
Notas:
1 La crisis de los rehenes ocurrió cuando estudiantes islamistas radicales de Irán tomaron la Embajada de Estados Unidos en Teherán y mantuvieron como rehenes a 52 ciudadanos estadounidenses durante 444 días. La crisis se resolvió apenas minutos después de que Ronald Reagan asumiera como nuevo presidente. Antes había fracasado lastimosamente una operación de rescate, concebida y ejecutada de manera llamativamente torpe por un comando de elite de las fuerzas armadas norteamericanas y que dejó un saldo de ocho estadounidenses y un iraní muertos en la operación. Tan milagrosa resolución de la crisis alimentó las sospechas de la intervención de la CIA en todo este incidente.
2 Hay un fuerte debate en torno a esta cita. Algunos afirman que es apócrifa, mientras otros aseguran que es verdadera. Lo cierto es que se encuentra perfectamente alineada con la tesis sostenida por Eisenhower en su célebre discurso.


04 noviembre, 2012

EEUU: ¿Corregir el más fraudulento de los sistemas electorales? ¡Ni hablar!

RT
En la recta final de campaña electoral en EE.UU., los candidatos usan todos los modos para ganar el voto de los ciudadanos, pero los mismos sistemas de votación ponen en duda los resultados de los comicios.
País, que se enarbola como ejemplo de democracia y pretende ser ejemplo a seguir para todo el mundo. Una de las principales fuentes del orgullo de EE.UU. es el concepto de elecciones libres y honestas.
Sin embargo, para muchos, esto no va más allá de las palabras. La razón, es un sistema de votación electrónico, que carece de credibilidad.
Brad Friedman, un famoso bloguero independiente, es uno de los que critican el proceso. Según él, “una tercera parte de los electores este año votarán en sistemas electrónicos no verificables. El resto del país, en su mayoría, lo hará con boleta, pero esas papeletas se cuentan también por sistemas electrónicos, por lo que no hay manera de saber si los votos fueron contabilizados correctamente”.
Muchos expertos afirman que votar con este sistema, es una forma de timar al electorado. “Si usted tuviera que entregar su papeleta a un hombre en traje de mago, quien luego fuera detrás de una cortina y saliera después con papeletas destrozadas para decirle que ganó, ¿confiaría en ese proceso?”, pregunta Jonathan Simon, cofundador y director de la Alianza de Defensa de las Elecciones.
 Otro problema, que genera aún más incertidumbre en el proceso, consiste en la falta de unificación del sistema de votación. Nuestro presidente nunca va a hablar de fraude electoral” “4000 diferentes condados, cada uno de ellos utiliza un sistema diferente de votación, cada uno de ellos tiene defectos diferentes, vulnerabilidades diferentes”, explica Friedman.
Corregir los errores del sistema electoral y mejorarlo estaría fuera de la agenda de la administración de la Casa Blanca. “Nuestro presidente nunca va a hablar de fraude electoral y ha negado que éste haya ocurrido, incluso cuando los miembros de su propio partido han sido víctimas de él”, sostiene el profesor Mark Crispin Miller.
Y con la creciente cantidad de reportes sobre fraudes electorales, parece que las infracciones en los comicios se constituyen como el camino a la victoria para los candidatos. Según Miller, “las elecciones en EE.UU. son una desgracia. Es como ver la cocina de un restaurante de lujo y perder apetito por lo que ves, porque tenemos un sistema electoral, un sistema de votación que no es transparente en lo absoluto”.
En la era de teléfonos inteligentes, tabletas y sistemas de navegación vía satélite, millones de estadounidenses irán a entregar su voto a las inseguras máquinas de votación. Y será este sistema que determine quién gobernará el país durante los próximos 4 años.

EEUU: investigan por fraude a firma asociada a Republicanos

PL
Autoridades del estado de Virginia, Estados Unidos, investigan a una firma asociada al Partido Republicano por irregularidades en el proceso de inscripción de electores en ese territorio, informó hoy el diario The Washington Post.
La pesquisa se amplió tras el arresto el mes pasado de un empleado de Strategic Allied Consulting (SAC), a quien se acusó de destruir planillas de inscripción de votantes demócratas.
Las autoridades del estado tratan de determinar si los supervisores del sospechoso le dieron instrucciones a él y a otros 40 trabajadores en Virginia para preguntarles a los electores que se inscribían acerca de sus preferencias políticas, lo cual es una violación de las leyes.
Según el Post, el propietario de la firma, Nathan Sproul, y sus actividades de consultoría enfrentaron cuestionamientos similares en los últimos ocho años, y se les instruyó de cargos por eliminar boletas de electores que votaron a favor de los demócratas, destruir planillas de inscripción y otros delitos.
Una investigación similar sobre fraude electoral comenzó el mes pasado contra SAC en el estado de Florida, donde nueve condados informaron que centenares de planillas de registro procesadas por empleados de Sproul tenían irregularidades, incluyendo datos erróneos, firmas falsificadas y falta de información, señala el rotativo.
Después que la indagación en el sureño estado se hizo pública, el Comité Nacional del Partido Republicano dijo que reanalizaba sus vínculos con la SAC, pero las autoridades no informaron si esa agrupación política conocía o auspiciaba las irregularidades cometidas por la empresa consultora. La firma de Sproul recibió más de 21 millones de dólares en pagos del Partido Republicano durante la actual campaña electoral, y en particular el candidato Mitt Romney, quien amortizó 71 mil dólares a esa empresa por realizar trabajos no especificados en el terreno.
La mayoría de dichas erogaciones en 2012 estuvieron dirigidas a actividades de inscripción de votantes en estados clave como Florida, Colorado, Carolina del Norte y Virginia.

Chileno denuncia que narcotráfico financia desestabilización de Correa



Ecuatorianos atentos, continúen atentos, la desesperación nacional e internacional está buscando hacer lo que sea necesario para derrocar a Rafael Correa. La ira que expresan los opositores y detractores de Correa en el Ecuador es escalofriante, el enojo de anti-correistas (políticos, ciudadanos comunes, ex funcionarios de gobiernos pasados) es tan grande que olvidan sus principios, sus valores, el fin es acabar con el gobierno de la Revolución Ciudadana a como de lugar. Si es que alguna vez les preguntan que ha hecho Correa por el Ecuador, existen miles de respuestas, las obras son latentes, los cambios son reales, pero lo más grande que ha hecho es cuidar el estado-nación, velar por el pueblo de su país, no venderse al Nuevo Orden Mundial, no privatizar al país, evitando la creación de la tan deseada Empresa Mundial S.A. 


http://www.contrainjerencia.com/?p=56327&utm_source=feedburner&utm_medium=twitter&utm_campaign=Feed%3A+contrainjerencia%2FeUTa+%28CONTRAINJERENCIA%29
El periodista chileno Patricio Mery denunció que un negocio de tráfico de droga estaría financiando la desestabilización democrática en el Ecuador. En este ilícito estaría vinculada la CIA y la DEA. Así lo informó el presidente ecuatoriano Rafael Correa, durante la emisión del Enlace Ciudadano 296, emitido desde Azogues (centro andino).
El portal informativo Panorama news informó  de la detención del periodista Mery, por supuestamente haber agredido a una mujer. La detención causa curiosidad debido a que este comunicador tenía información sobre un nuevo complot internacional.
En el texto (vea la noticia completa en http://bit.ly/SpvZpL) se denuncia: “la internación de cerca de 300 kilos mensuales  de cocaína, es parte de una operación de alto nivel dirigida y monitoreada desde las estaciones de la CIA y la DEA de la embajada norteamericana, para obtener fondos para financiar operaciones encubiertas  que no son fiscalizadas o controladas por el congreso de Estados Unidos. Es el modelo  Irán/Contras”.
Esta fuente agrega que estos fondos tienen  por objetivo desestabilizar al gobierno de Ecuador, cuyo presidente, ordenó el desalojo de la base militar de Manta, ocupada por Estados Unidos. “Esto alteraría la hegemonía  que USA  tiene en este hemisferio. Según declaró el informante, un sector de la CIA cree que a Obama “le pasará algo” antes o en las  elecciones de noviembre de este año y que el halcón republicano Mitt Romney llegará a la presidencia, con lo que tendrán luz verde para oficializar la operación en contra del actual gobierno de Ecuador”, agrega el texto.
Esta denuncia se suma a la denuncia del exembajador de Reino Unido en Uzbekistán, Craig Murray, quien informó que la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA por su sigla en inglés) invierte $87 millones  tratar de hundir al presidente ecuatoriano, Rafael Correa.
En su blog (www.craigmurray.org.uk) señala que el presupuesto estadounidense “usando la mayoría de los fondos del Pentágono, son promovidos para influenciar las elecciones ecuatorianas, que desde los resultados (electorales) en Venezuela, han sido triplicados”.
“Esto va a abrir el camino a la campaña de la oposición para sobornar y chantajear a los medios y a funcionarios oficiales. Se esperan escándalos mediáticos y picaduras de corrupción contra el Gobierno de Correa en las próximas semanas”, añadió el exdiplomático británico.