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14 enero, 2013

#KatyPerry Disfruta Trabajar con el #Pentágono

El lavado cerebral es constante y brutal. La música es uno de los métodos para enviar mensajes subliminales y directos, es una forma de adoctrinar a las masas y tenerlas sumisas ante los poderes ocultos. La industrial musical participa en estos grandes shows donde se muestran muchas veces aberraciones, simbolismos paganos y satanismo. Los cantantes de moda son los que con su cara alegre y su vida desastrosa nos enseñan a como pensar y actuar. La degeneración musical no es casualidad, es un plan bien diseñado creado para manipular mentes y regir al ser humano como a ganado. La MTV, un canal creado para estos fines oscuros, es uno de los pilares de esta revolución musical, artistas como Madonna, Spears, Rihanna y Eminem son quienes con su música y letras nos envuelven en un mundo irreal que hace que nos separemos de la realidad de un mundo el cual cada vez está más deteriorado.

Jon Juanma

 

Estos días no dejamos de escuchar en los comercios, en la televisión o en las pistas de baile, la canción de moda del momento: el Gangnam Style de PSY. Con el videoclip de la canción, el artista surcoreano ha conseguido convertirse en el intérprete del vídeo más visto en Internet de todos los tiempos, superando holgadamente los mil millones de espectadores. (1)

Sirva este ejemplo, o los más de 800 millones del “Baby” de la súper-estrella adolescente Justin Bieber (2), para resaltar el poder de convocatoria social que tienen los videoclips entre los más jóvenes. Esta enorme capacidad de atracción de miradas y el poder social derivado de ella, sirven a las Industrias Culturales Hegemónicas (IICCHH) no solo para aumentar sus beneficios como empresas transnacionales, sino también para reproducir y ampliar la hegemonía burguesa en el mundo. Conformando sueños y modelos de vida, distraen a los jóvenes de las clases populares del decurso de su maltratado mundo real y proyectan sus esfuerzos (y su libido) hacia objetivos vacuos que en la mayoría de casos sólo les acarrearán frustraciones (como conseguir una chica o un chico tan guapos como los de los videoclips, acumular riquezas materiales o cultivar una competencia exacerbada respecto a sus semejantes).

A mitad del pasado año se estrenó con gran éxito internacional el videoclip “Part of Me” de la estadounidense Katy Perry. Cerca de 150 millones de personas alrededor del globo, una población equivalente a las de Argentina, España y Alemania juntas, visualizaron el vídeo desde sus ordenadores. Por esta contrastada capacidad para generar ingresos, Perry es una de las cantantes más importantes del momento. Con su disco “Teenage Dream”, lanzado en 2010 y del cual todavía se lanzan singles (van por el séptimo), consiguió algo que ninguna mujer había logrado en la historia: colocar cinco números uno seguidos en las listas de los Estados Unidos (3). La canción que nos ocupa fue el sexto sencillo del álbum y tiene una letra que narra el desengaño producido por un desamor. Este le permite a Perry darse cuenta que pese a todo el daño y lo que su ex se ha “llevado” de ella, hay una parte de su persona que no podrá arrebatarle jamás (”Part of Me”). Hasta aquí nada especial que distinga a ésta de otras canciones que suenan constantemente en cualquier “Top Éxitos” del mundo.