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Por un equipo de investigación de EIR
Las
naciones occidentales, encabezadas por la Unión Europea (UE) y el
gobierno de Obama, están respaldando un golpe en Ucrania para imponer un
cambio de régimen abiertamente neonazi. Si tienen éxito en su intento,
las consecuencias se extenderán mucho más allá de las fronteras de
Ucrania y los Estados vecinos. Para Rusia, tal golpe constituiría un casus belli,
que llega en el contexto de la expansión del sistema de defensa
antimisiles de la OTAN hacia Europa Central y el desenvolvimiento de una
doctrina de Estados Unidos y la OTAN de “ Ataque
global rápido”, según la cual Estados Unidos puede lanzar un primer
ataque preventivo contra Rusia y China, y sobrevivir a la represalia.

Los acontecimientos en Ucrania
constituyen un detonante potencial para una guerra global que podría
escalar rápida y fácilmente a una guerra de extinción termonuclear. En
la Conferencia de Seguridad de Munich este fin de semana, el ministro de
Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, tuvo un acalorado
intercambio público con el secretario general de la OTAN, Anders Fogh
Rasmussen, en el que éste acusó a Rusia de usar una “retorica belicosa” y
Lavrov respondió citando el programa europeo de defensa contra misiles
como un intento para garantizar la capacidad de un primer ataque nuclear
seguro contra Rusia.
En sus declaraciones oficiales
en Munich y una semana antes en el Foro Económico Mundial en Davos,
Suiza, Lavrov también atacó a los gobiernos occidentales por apoyar a
las organizaciones terroristas neonazis en su afán por colocar a Ucrania
bajo el control de la UE y la troika para apretar el nudo de la OTAN
alrededor de Rusia.
En cualquier caso, Lavrov no insistió lo suficiente.
Los vándalos nazis toman la iniciativa
Desde que el Presidente Viktor
Yanukóvich anunció que Ucrania renunciaba a sus planes de firmar el
Acuerdo de Asociación con la UE, el 21 de noviembre de 2013, las
organizaciones respaldadas por Occidente, integradas por remanentes de
los colaboracionistas con los nazis durante la guerra y el período
inmediato de la posguerra, la Organización de Nacionalistas Ucranianos
(OUN-B, por sus siglas en ucraniano) y sus sucesores han iniciado una
campaña de provocaciones dirigida no solo a la renuncia del gobierno del
primer ministro Mykola Azarov, sino a derrocar al Presidente
Yanukóvich, elegido democráticamente.
En diciembre de 2008, tras el
enfrentamiento militar de Georgia con Rusia en Osetia del Sur, Carl
Bildt y Radek Sikorski, ministros de Relaciones Exteriores de Suecia y
Polonia, respectivamente, iniciaron la Asociación Oriental de la Unión
Europea. Esta Asociación Oriental de la UE se enfocó en seis países que
habían sido repúblicas de la ex Unión Soviética; tres en la región del
Cáucaso (Armenia, Azerbaiyán y Georgia) y tres en Europa central
oriental (Bielorrusia, Moldavia, Ucrania). A estos países no se les
invitó a ser miembros plenos de la UE, sino a integrarse en un mecanismo
de la UE mediante los llamados Acuerdos de Asociación, cada uno de los
cuales tenía como centro un Tratado de Libre Comercio Profundo y Amplio
(DCFTA, por sus siglas en inglés). El primer objetivo del intento fue
Ucrania. Bajo el Acuerdo de Asociación negociado con Ucrania, pero no
firmado, se hubiera desmantelado su economía industrial y se hubiera
violentado su comercio con Rusia (que hubiera terminando su régimen de
comercio libre con Ucrania, para prevenir la inundación de sus propios
mercados vía Ucrania), y los jugadores de los mercados europeos se
habrían apoderado de las exportaciones agrícolas y de materias primas de
Ucrania. Se hubiera impuesto en Ucrania el mismo régimen de austeridad
mortal que se ha impuesto en los Estados mediterráneos de Europa bajo la
estafa de los rescates financieros de la troika.
Además, el acuerdo de asociación obligaba a la “convergencia” en temas de seguridad, con la integración a los sistemas de defensa europeos. Bajo dicho acuerdo reformado, se hubieran eliminado los acuerdos y tratados de largo plazo sobre el uso de la armada rusa de los puertos cruciales del Mar Negro de Crimea, permitiendo finalmente el avance de la OTAN para asentarse en la frontera inmediata de Rusia.
Mientras los informes de los
noticiarios occidentales promovían las manifestaciones en la Plaza de la
Independencia de Kiev (Maidan Nezalezhnesti o Euromaidan, como ahora se
le llama), como pacíficas en sus inicios, el hecho es que desde el
principio esas manifestaciones incluyeron a declarados militantes nazis,
vándalos “hinchas de fútbol” de derecha y “afghansy”, veteranos de
combate de las guerras en Afganistán, Chechenia y Georgia. De acuerdo
con el parlamentario ucraniano Oleh Tsaryov, en enero de 2014 regresaron
de Siria 350 ucranianos, después de haber luchado con los rebeldes
sirios, incluyendo grupos vinculados a al-Qaeda tales como el Frente
al-Nusra y el Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS).
Ya el fin de semana del 30 de
noviembre y 1 de diciembre de 2013, los alborotadores estaban lanzando
bombas Molotov y tomaron por la fuerza la oficina del alcalde de Kiev, a
la que declararon “cuartel general revolucionario”. Los manifestantes
del opositor Partido Sbovoda, antes llamado Nacionalista-Socialista, marcharon bajo la bandera roja y negra de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN-B) de Stepan Bandera,
los colaboracionistas de los nazis que, como un apéndice de la
maquinaria de guerra nazi y en cumplimiento de sus propias ideas
radicales sobre la pureza étnica, exterminaron a judíos y polacos
durante la Segunda Guerra Mundial.