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24 agosto, 2015

#Mujeres en #Cuba: La #Revolución #Emancipadora

Salim Lamrani

El triunfo de la Revolución Cubana ha engendrado el más notable cambio político, económico y social de la historia de América Latina. 
Mujeres cubanas
Mujeres cubanas

Desde 1959 las nuevas autoridades lideradas por Fidel Castro han ubicado a los desheredados, particularmente a las mujeres y a las personas de color, principales víctimas de las discriminaciones inherentes a una sociedad patriarcal y segregacionista, en el centro del proyecto reformador. La Revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”[1] debía echar las bases de una nueva era igualitaria, libre de las angustias de las injusticias ligadas a la historia y a las estructuras sociales del país.

La mujer cubana fue la prioridad inmediata del Gobierno revolucionario con la creación, en 1960, de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), cuya presidenta fue Vilma Espín Dubois, militante plenamente comprometida contra la dictadura del general Fulgencio Batista y esposa de Raúl Castro. ¿Cuál era el estatus de la mujer al triunfo de la Revolución? ¿Qué medidas concretas se adoptaron para difundir y aplicar las ideas de la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres y para acabar con los prejuicios y los estereotipos culturales?

Tres ejes estructurarán esta reflexión. En un primer tiempo se dedicará una atención particular a la situación de la mujer antes del triunfo de la Revolución. Luego convendrá analizar las medidas que tomó el nuevo poder para permitir a ese sector de la sociedad alcanzar la emancipación definitiva y la plena ciudadanía. Finalmente, más allá de las grandes declaraciones de principios, será oportuno echar una mirado sobre su estatus actual para evaluar su integración en la vida política, económica y social del país.

1. La mujer antes del triunfo de la Revolución

Fulgencio Batista
Fulgencio Batista
Bajo el régimen militar de Fulgencio Batista, de 1952 a 1958, la mujer cubana, sometida a la cortapisa de una sociedad patriarcal, sólo representaba el 17% de la población activa y recibía un salario sensiblemente inferior al del hombre por un empleo similar. Limitada al papel de ama de casa encargada de las tareas domésticas, sometida a la omnipotencia del marido, primera víctima del analfabetismo que azotaba a una gran parte de la población, las perspectivas era más bien sombrías para la mujer cubana. Así, de los 5,8 millones de habitantes, con
una tasa de escolarización de sólo un 55% para los niños de 6 a 14 años, más de un millón de niños no

07 agosto, 2014

La #Influencia de la #Pornografía en las #Mujeres

ibnasad.com 

El amor, al menos para mí, jamás fue un sentimiento, ni un concepto abstracto, ni una idea inteligible. El amor es una acción. Por eso el entusiasmo que siempre puse en mi actividad amorosa, a veces pudo ser malinterpretado como promiscuidad. Nunca lo fue: si alguien es activo en lo que sea (en este caso, en el erotismo), es porque existe un pathos detrás que nos motiva para buscar datos y experiencia. Para mí, esta motivación es doble: una interior, de anhelo de autoconocimiento; la otra exterior de conocimiento del otro (de “la otra” ) , de pesquisa sociológica.

Desde esa segunda sensibilidad voy a reflexionar sobre algo que pocos hombres y mujeres se han planteado (¿Acaso esa es mi tarea aquí?). Mi generación es la frontera que une dos formas de hacer el amor: una, la antigua, en donde el pudor, lo recatado y (admitámoslo también) la torpeza tenían su lugar; y la otra, la nueva, en donde la frivolidad, el desparpajo y cierto sabelotodismo sexual han destrozado el paradigma anterior en menos de veinte años. Curiosamente ambos paradigmas de actividad sexual se fundamentan en el condicionamiento y la falta de libertad. No defiendo aquí el anterior ni quiero despreciar lo nuevo. Lo que quiero plantear es lo siguiente: ¿Qué es lo que tanto ha transformado el comportamiento sexual en tan poco tiempo? La hipótesis que planteo como agente radical de este cambio es la proliferación de la pornografía.

Voy a circunscribirme a mi trabajo de campo: es decir, voy a limitarme a hablar de mi experiencia con mujeres, con españolas principalmente. Y es que España, para los lectores jóvenes que no lo sepan o no se lo crean, era una sociedad sexual muy diferente hace tan sólo veinte años. A principio de la década de los noventa, los usuarios de pornografía eran poco menos que “pervertidos”: no eran ninguna mayoría, las mujeres apenas consumían y el acceso a ella se limitaba a las “revistas guarras” que se vendían en la sección oculta de los quioscos. (por aquel entonces, yo era púber, háganse cargo) Las “pelis porno” se emitían en cines cochambrosos ad hoc en los que sólo entraban tipos grises y solitarios, que desaparecieron con el advenimiento de internet a finales de los noventa. Sólo unos pocos esnobs que tenían Canal+ en abierto (había gente que pagaba por un decodificación mensual del canal) , tenían una sesión de cine X californiano en la televisión, los viernes por la madrugada. En ese panorama, os puedo asegurar que la mayoría de las mujeres no tenían ningún interés por la pornografía y muchísimo menos por los pocos hombres que la consumían.

Y de repente sucedió algo. Algunos dicen que fue el DVD, otros el internet, otros los programas radiofónicos y televisivos sobre sexualidad, hay colegas conspiranoicos que hablan de sustancias en el suministro municipal de agua… yo no lo sé. Sólo sé que, casi de la noche a la mañana, empecé a encontrarme patrones de conducta repetidos en las chicas con las que tenía relaciones. Doy detalles:

21 julio, 2014

Me Gustan las Mujeres...

ibnasad.com

Por las Bravas

Me gustan las mujeres, especialmente la mía. Empezar un texto con una confesión así pondrá en alerta al Feminazismo: “Vamos a ver lo que dice este tío raro…” Y es que algo tan natural como expresar el gusto por el sexo opuesto se ha convertido en una provocación para las fuerzas fácticas de los teóricos sexuales del Ministerio de Igualdad. Basta que un hombre heterosexual se exprese como tal fuera de contextos ad hoc (como las pocilgas de la pornografía) , para ponerlo bajo sospecha de “sexismo”. Basta que un hombre diga ser eso mismo para que el establishment tiránico del género neutro, se ponga de uñas. ¿Pero qué culpa tengo yo si me gustan las mujeres más que a un tonto un lápiz? ¿Y qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo?

Me gustan las mujeres, hoy aún más que hace veinte años. Gustan más, precisamente, por haberse convertido en un bien escaso. Las mujeres que ahora tienen más de veinte y menos de treinta, conforman la primera generación adulta en crecer bajo el massive attack contra la naturaleza femenina, teledirigida por una tecnología que, tanto a hombres como a mujeres, nos está friendo de cintura para abajo. No es sólo la radiación, la química y las técnicas de una ingeniería sexual que erradica cualquier rasgo que, hace sólo veinte años, hacía distinguir a un hombre de una mujer. No se trata sólo de eso (de la técnica aplicada a la castración) sino de unas ciencias sociales volcadas en el desprecio de las diferencias sexuales: líderes políticos y referentes de éxito en dónde el género, la genitalidad, el tener peseta o pilila… no se corresponde con ninguna identidad sexual. ¿Pues qué tienen en común Hillary Clinton, Dilma Rousseff, Angela Merkel, Ana Botella, Cristina Kirchner, Pilar Rahola, Carme Chacón…? No sé qué tienen en común, pero sé lo que no tienen: nada propio de mujer se puede encontrar en estas personalidades además del nombre. Cualquiera de esas “mujeres” puede ser sustituida en el cargo por un presunto varón, y no cambiaría nada: ni la más mínima y sensible diferencia se va a encontrar entre aquel viejo mundo gobernado por hombres y este valiente mundo nuevo en donde, al menos en apariencia, quien manda lleva falda y no pantalón. Quizás a eso se reduzca todo, a una cuestión de moda y vestuario: me imagino mejor a un Mariano Rajoy travestido, que a una Christine Lagarde actuando con la dulzura de una muchacha. Veo más a un Barack Obama participando en alguna reivindicación parade a favor de los gays, que a Saénz de Santamaría poniéndose guapa para un encuentro amoroso. Visualizo con más facilidad a un futuro presidente con melena y pendiente (y barba), que a una primera dama, no ya femenina ni atractiva, sino mínimamente creíble (porque lo de Elvira Fernández yo no me lo creo). Porque no nos gobierna ningún hombre ni ninguna mujer: nos gobierna una burocracia asexuada, emasculada, anti-femenina, en donde la crueldad del peor hombre y la perfidia de la peor mujer, se aúnan para hacernos a todos iguales. Igual de pobres. Igual de feos. Igual de iguales. En vez de discutir sobre el sexo de los ángeles, deberíamos averiguar el género del Diablo: nos gobierna alguien que no es ni hombre ni mujer, sino todo lo contrario.